Pregón 2024

Pregón – Inauguración Fiestas San Roque 2024 Siles
José Ignacio Jiménez González

Estimado Sr. Alcalde, estimados concejales y concejalas de la corporación municipal, estimados miembros de la comisión de festejos y demás autoridades, queridos paisanos y paisanas, familiares, amigos y amigas, compañeros y compañeras de promoción aquí presentes, sileños todos. Muchas gracias por acompañarnos en esta inauguración de nuestras Fiestas patronales en honor de San Roque.

Quisiera comenzar este pregón agradeciendo al equipo de gobierno encabezado por nuestro alcalde Javier, a la corporación municipal, a la comisión de festejos y a Tomás Olivares, gran amigo, a los que doy la enhorabuena por el trabajo y programa que han preparado y por supuesto a las asociaciones de nuestro pueblo por haberme brindado esta oportunidad de ser el pregonero de las Fiestas en honor de nuestro patrón San Roque que están a punto de comenzar. Igualmente quiero transmitir mi felicitación a la reina, damas y míster de las fiestas, por su designación para representar orgullosamente a la juventud e infancia sileñas en este año, ¡seguro que lo hacéis de forma excelente!

Creedme cuando os digo que no concibo mayor orgullo ni responsabilidad, que el poder dirigirme a mis paisanos y paisanas, familia, amigos, compañeros de infancia y juventud, desde este escenario y pregonar con emoción para dar el pistoletazo de salida a nuestras fiestas de San Roque 2024. Tras las naturales vacilaciones iniciales que siguieron a la propuesta, acepté la invitación con la emoción y orgullo propios de alguien nacido, criado y formado felizmente en este pueblo. Este es uno de los envites más exigentes a los que me he enfrentado, por lo que espero ser capaz de transmitir aquello que siento y animaros con acierto a disfrutar de estas fiestas.

Tras la pertinente reflexión personal, uno llega a la conclusión de que pregonar las fiestas no sólo implica animar al disfrute y gozo de los paisanos y paisanas… Creo firmemente que esta es una ocasión que nos permite además reflexionar sobre nuestra identidad, para poner en valor nuestras raíces y pensar en un futuro común, pues las fiestas son una oportunidad para unirnos como pueblo y fortalecer los lazos de comunidad. Entiendo que pregonar debe ser un canto a la tradición, a la memoria colectiva, a la identidad que nos une y nos hace ser quienes somos. Un pregón es, en definitiva, un acto de amor por nuestro pueblo, y así espero mostrarlo.

Sin entrar a valorar si habéis optado por la mejor opción, pues es evidente que sucedo como pregonero a personas ilustres, queridas y más experimentadas que yo, o al menos con una colección más extensa de anécdotas (quizás por la edad), sí que entiendo esta invitación como una oportunidad para poner voz a una generación de sileños y sileñas que hemos nacido y crecido en nuestro pueblo, que nos hemos formado y disfrutado de todo lo que Siles puede ofrecer y que ansían agradecer públicamente todo lo que se ha hecho por ellos.

Si bien es cierto que muchos de nosotros, de esta generación, debimos marcharnos para continuar con la etapa de formación superior o para emprender nuevas aventuras laborales, también lo es que mantenemos muy vívidamente el cordón umbilical que nos conecta con Siles y, a pesar de estar fuera, llevamos con orgullo el ser sileños y ser serranos, de la Sierra de Segura, como tantas veces debemos matizar fuera de nuestra comarca.

Formo parte de una generación feliz, afortunada, que se ha beneficiado del esfuerzo de tantas personas y generaciones pasadas, de nuestras familias y del compromiso de las distintas corporaciones municipales y, justo es decirlo, del empeño de sileños y sileñas con responsabilidad política en distintos niveles de la administración, que a lo largo del tiempo convirtieron a Siles en un magnífico sitio para crecer sanamente y prepararse para afrontar el futuro laboral o académico con garantías. Esto es gracias, por ejemplo, a los servicios públicos de calidad, entre los que debemos destacar sin duda nuestro colegio Santa Teresa de Jesús y, por supuesto, el instituto Dr. Francisco Marín, ambos centros de referencia en nuestra comarca y provincia.

Se atribuye a Jean-Jacques Rousseau, escritor y filósofo suizo, la siguiente frase: “Lo que uno ama en la infancia se queda en el corazón para siempre”. Y coincidiréis conmigo en que, ciertamente, ese amor de infancia se vuelve más intenso conforme pasan los años y, aun a riesgo de que estos puedan distorsionar la percepción, recuerdo mis años en Siles con suma felicidad y nostalgia.

Echando la vista atrás, uno repara en que la vida en Siles tenía entonces y tiene aún un ritmo reposado, profundo y cuasi espiritual. Quien pasea por nuestras calles siente la grandeza de este pueblo y de su entorno, un pueblo que ha ido transformando su fisonomía a lo largo de los últimos siglos bajo la atenta mirada de El Puntal y del Cerro, que nos guardan y recuerdan cada mañana la inmensidad de nuestras Sierras. Aquí el tiempo parece detenerse, permitiéndonos disfrutar de la serenidad y la belleza natural que nos rodea.
En ese marco incomparable, mis amigos y amigas de la infancia, compañeros y compañeras, coetáneos, crecimos felices, ajenos a problemas de seguridad de grandes ciudades, yendo de casa al colegio y del colegio a casa, aprovechando los cursos escolares en nuestro colegio, cuidados en todo momento por maestros y maestras vocacionales, que supieron ya ir viendo en cada alumno y alumna virtudes y cualidades específicas.
Conservo recuerdos de los años de infancia con nuestras maestras y maestros: Aurelia, Encarni, Pepe Alfaro, por citar solo algunos… jugando siempre a tener un micrófono delante o imitando algún personaje de una obra teatral… con alguna excursión a los Pinos o a algún campamento en la sierra… Esa sensación de libertad, de experimentación, de exploración, continuaba lógicamente fuera del colegio y así deseaba que llegara el fin de semana para disfrutar callejeando y jugando por la Corredeja, con los amigos del barrio, siempre inventando… ¿te acuerdas Tomas?
Por otro lado, los veranos eran sinónimo de felicidad plena y libertad absoluta, de ilusión por la llegada de nuestros amigos y amigas de otros lugares de España, que formaban parte del grupo… amistades con las que disfrutábamos las noches al fresco, en la Plaza del Agua, jugando a las cartas, paseando sin rumbo por el Paseo, haciendo excursiones a la Peña del Olivar, etc. Andanzas adolescentes que aún hoy rememoramos con cariño con amigas y amigos de toda la vida, cuando nos juntamos, ya no sin dificultades logísticas por los carros de nuestros hijos…
Los años pasaban y comenzaba el periodo del Instituto Dr. Francisco Marín, y las tardes entonces eran menos lúdicas obviamente. Eran años intensos de estudio, con profesores exigentes pero cercanos, casi familiares (en mi caso algunos de ellos literalmente), que nos iban marcando el camino por el que transitar para prepararnos adecuadamente para el futuro. Allí además pudimos disfrutar de magníficas instalaciones, como las deportivas, donde practicar con frecuencia disciplinas a priori minoritarias, y que tanto predicamento llegaron a tener en nuestro pueblo (por ejemplo, el voleibol, ¡y si no podéis preguntar a nuestra profesora Encarni!).

Años después, cuando uno llega a su etapa Universitaria o se lanza al mundo laboral tras la formación profesional, que tanto ha hecho por este pueblo, se percibe la sólida formación que atesoramos y tomamos entonces consciencia de la inmensa fortuna de poder disfrutar de centros educativos públicos de calidad en nuestro pueblo y de docentes comprometidos. Es por ello por lo que quiero agradecer públicamente a todos vosotros, docentes y otros trabajadores y trabajadoras de estos centros por haber dedicado vuestra vida a uno de los ámbitos más gratificantes que existen y por creer que los niños y niñas de entornos rurales merecían entonces, y aún merecen, la atención, guía y empuje para sacar lo mejor de cada uno de ellos.

Al mismo tiempo, durante los años de juventud, uno forja su identidad y bebe de nuestra tradición. En ese sentido, guardo cariñosos y vívidos recuerdos de las tardes de ensayos del coro de nuestra iglesia, junto a Juan Carlos, o del grupo de Coros y Danzas San Roque en la cochera de Pedro y Marita, a los que tanto he de agradecerles por abrir literalmente las puertas de su casa para poder ensayar nuestras jotas, malagueñas, gandulas, etc., y donde tantos jóvenes de este pueblo hemos aprendido a amar nuestro folklore. Folklore que, por otro lado, sigue vivo gracias al sacrificio y generosidad de muchas personas: Carmen Carrascosa, Paco Jiménez o todos y cada uno de músicos, cantaores y cantaoras, bailaores y bailaoras que han formado o forman parte del grupo de Coros y Danzas San Roque.

Ese sentimiento de comunidad, de unión alrededor de nuestra tradición y cultura se daba (y se sigue dando) también en otras ocasiones a lo largo del año, por ejemplo, cuando la gente vive con devoción, sencillez y de forma reposada, nuestra Semana Santa (tan serrana, tan con sabor al norte) cuya naturaleza única hemos sabido mantener a lo largo de los años. Esto ha sido gracias también al esfuerzo desinteresado de muchas personas entregadas, y ahí recuerdo con afecto el empeño de gente como, por ejemplo, Isidra, impulsando en su momento nuestra hermandad o el de los vecinos y las vecinas que se organizan para engalanar nuestras calles y crear alfombras coloridas durante el Corpus, o que se disfrazan disfrutando en comunidad del carnaval, o para celebrar San Antón alrededor de una luminaria, o por supuesto, cuando la gente joven disfruta revitalizando nuestra tradicional feria de San Miguel en Septiembre.

Dicho esto, como de agradecer trata la ocasión, en esa etapa feliz de adolescencia, de formación juvenil, de descubrimiento personal, tuve la suerte de poder participar y formar parte de la familia de Radio Sierra durante algunos años, que como sabéis ha sido y es la emisora de nuestra Sierra y que tanto hace por dar voz a nuestra comarca y nuestra gente, poniendo en valor nuestra forma de vivir la vida. Y todo ello no hubiera sido posible sin el buen hacer, la dedicación y la entrega de mi querido amigo José Antonio Zorrilla, quien me sirvió de modelo, de referencia, de hermano mayor y me aguantó durante algunos años… Por todo ello quiero darte las gracias José Antonio, querido amigo y maestro: por tu esfuerzo, por ser la voz de nuestra sierra, por poner voz a nuestra idiosincrasia, y desde luego a nuestras fiestas desde hace varios años. Gracias.

No obstante, a pesar de los empeños y buen hacer como mentor de mi querido maestro radiofónico José Antonio, este alumno díscolo renegó de su vocación periodística y con cierta vacilación decidí dirigirme hacia el mundo de la ingeniería, desembocando después en la actividad científica y docente en la Universidad de Jaén, nuestra Universidad pública, la Universidad de nuestra provincia.

Todo esto no son más que recuerdos de una etapa feliz, pero que tras años de experiencias fuera, etapas en el extranjero y, más recientemente, con viajes internacionales frecuentes motivados por mi responsabilidad política actual como Vicerrector de Internacionalización de la Universidad de Jaén, me han hecho valorar, aún más si cabe, todo lo bueno que nuestro pueblo tiene y ofrece, y los años que aquí pasé. Por ello procuro escaparme con frecuencia, entre viaje y viaje o cuando el trabajo lo permite, para recargar pilas en nuestro pueblo y hermosa sierra y disfrutar el tiempo con la familia y amigos, pero también para inculcar a mis hijos, jaeneros de nacimiento, el espíritu sileño y serrano, procurando que vivan nuestras costumbres y folklore.

Dejando atrás recuerdos que pudieran estar distorsionados por el tiempo, las bondades de nuestro pueblo y nuestra Sierra son evidentes. Enclavado en el corazón verde de Andalucía, dentro de este oasis sureño que es nuestro Parque Natural, nuestro pueblo cautiva y embruja por sus calles ordenadas y rincones con encanto, como por ejemplo, esta remozada plaza del agua, nuestro magnífico parque de la glorieta y mirador con vistas a nuestro pantano, las callejas de la antigua villa, y su sugerente horizonte, moldeado por el cubo, la iglesia, y los accidentes naturales que nos rodean.

Somos una tierra de frontera, históricamente a caballo entre distintas administraciones y quizás por eso, por estar siempre en tierra de nadie y de todos, nuestra comarca ha estado tradicionalmente menos atendida que otros territorios, pero puede que esto haya hecho de nuestro carácter un carácter resiliente, creativo, sacrificado. La gente de estas sierras, solidaria y generosa, ha sabido moldearse y adaptarse a las dificultades, fomentando un talento que ha florecido en esta región y que ha alimentado el compromiso y el sacrificio de muchas familias para que sus hijos e hijas puedan formarse de forma excelente en distintos oficios y ámbitos profesionales.

De hecho, Siles siempre ha sido ejemplo y referencia en la comarca por tantas personas que han desarrollado una carrera profesional destacada o que ejercen con brillantez su profesión u oficio y actividad empresarial, independientemente del ámbito. Yo mismo, como profesor universitario en ingeniería, he sido testigo de ese talento que atesoran nuestros jóvenes, que han logrado sacar adelante sus carreras con brillantez gracias también a su esfuerzo y sacrificio.

Debemos destacar lógicamente el papel fundamental del Instituto Dr. Francisco Marín en la capitalización de todo ese esfuerzo y talento de nuestra gente. La creación del mismo, a finales de los años 60, supuso un antes y un después para la educación en Siles y la comarca y ha sido posiblemente uno de los hitos más importantes de la historia contemporánea de nuestro pueblo. Así, la entrega y buen hacer de su profesorado y sus trabajadores ha permitido que generaciones completas de este pueblo y pueblos cercanos de nuestra comarca y de la vecina Albacete, reciban una formación de calidad, ya sea en el ámbito de la formación profesional o en Bachillerato, facilitando así su inserción laboral con garantías o la continuidad de sus estudios universitarios con solvencia fuera de Siles.

Este talento y esta capacidad creativa se reflejan también en otros ámbitos. Esto ha hecho, por ejemplo, de nuestro folklore, del que hablaba anteriormente con una visión más personal, una referencia a nivel nacional. Decía Pilar Sicilia, ilustre folclorista de nuestra provincia, en el programa Bailes del Candil, que “de todas las localidades de la provincia de Jaén, la que tiene más y diversos estilos de baile es, sin lugar a duda, esta localidad de Siles”. Es por ello por lo que debemos reivindicar con orgullo este legado transmitido por nuestros mayores y generaciones pasadas, que nos permite reafirmar nuestra identidad sileña y serrana. Y en esta tarea de conservación de nuestro patrimonio cultural e inmaterial juega un papel fundamental la labor desempeñada por la Asociación Coros y Danzas San Roque de Siles. Por todo ello, ¡mi sentido agradecimiento a todos los miembros actuales del grupo y que seguís activamente cuidando nuestra memoria colectiva y llevando con orgullo el nombre de Siles fuera de nuestra comarca!
Hay mucho más que destacar. Por ejemplo, ¡qué decir de la labor de las distintas asociaciones culturales, taurinas, de mujeres o deportivas! Sois verdaderas dinamizadoras de la vida social de nuestro pueblo y gracias a vuestro esfuerzo desinteresado, Siles se mantiene como un pueblo inquieto, comprometido ofreciendo oportunidades de recreo y formación no académica a todos los vecinos.
Me gustaría resaltar también nuestra gastronomía, que es una mezcla de tradición, compuesta de platos sencillos pero contundentes, que son exponentes de cómo el saber popular ha ido sacando el máximo sabor a ingredientes nobles y humildes. Y por supuesto, hemos de destacar los magníficos logros de cocineros sileños, que han conseguido poner el nombre de Siles en el mapa.
Tenemos por tanto mucho de lo que presumir, si bien, la sencillez y humildad de la gente serrana y sileña nos hace a veces olvidar que desde un pueblo se pueden conseguir grandes cosas. Siles siempre ha sido un pueblo con personas inquietas y visión amplia y como ejemplo, aquellos emprendedores jóvenes, muchos de ellos y ellas amigos y compañeros de promoción, que siguen apostando por nuestro pueblo y que invierten esfuerzo, tiempo y que habéis lanzado vuestras empresas o continuado con los negocios familiares. Por todo ello, ¡desde aquí mi reconocimiento pues sois la auténtica savia nueva de Siles!

Mencionaba José Antonio Labordeta, insigne cantautor, en su visita a nuestras sierras para grabar su célebre programa «Un país en la mochila», que: “a cruce de culturas y de gentes le sabía nuestro folklore, así como muchas cosas de esta sierra que parece haber vivido largos años detenida en el tiempo”. Es esta tierra un ejemplo vivo de cómo el pasado puede convivir armoniosamente con el presente, ofreciendo un refugio de autenticidad en medio de un mundo cada vez más homogéneo. En síntesis, tenemos esencia y alma y, como hay alma, hay futuro y oportunidades. Por eso debemos reivindicar con orgullo: nuestro patrimonio, entorno y saber hacer, nuestra gastronomía, nuestra calidad de vida… el “Soy de Siles, soy Sileño” que canta nuestra Jota.

Decía anteriormente que no hay mayor tesoro en Siles que su gente. Siles, como pueblo de emigrantes, es un pueblo de acogida y ha sido siempre refugio y hogar de los sileños y sileñas de nacimiento, de los emigrados, de los de afincados aquí o de los visitantes ocasionales. Esto queda especialmente patente durante nuestras fiestas patronales, pues si hay algo que caracteriza a San Roque es el reencuentro, reencuentro de tantas familias y amigos, repartidos por todos los rincones del país. Sileños y sileñas que debieron o decidieron marcharse en busca de oportunidades profesionales, por ejemplo, a Cataluña, Madrid, Valencia, La Mancha o a otras partes de Andalucía, vuelven (volvemos) a recuperar el tiempo perdido en común. Tantas casas vacías durante largas semanas de invierno se abren para llenarse de vida y dar cabida a tantos sileños y sileñas que volvemos para conectar de nuevo con nuestro pueblo, nuestros vecinos y nuestros grupos de amigos ampliados, que aglutinan ya armoniosamente distintas promociones y edades (y muchos de los cuales se encuentran hoy por aquí).

Durante estos días, no existe nada más, los sileños y sileñas viviremos las fiestas ajenos a todo aquello que suceda fuera del municipio. Durante estos días recargaremos nuestra memoria de la oportuna colección de imágenes, sabores, olores o sonidos, llenando de nuevo nuestra mochila emocional de sensaciones, para alimentar nuestra nostalgia durante los meses venideros. Durante estos días, volveremos a:

  • degustar los típicos sabores de nuestras fiestas: cuerva, bocadillo de chorizo, la tradicional caridad de San Roque … y valorar si este año están a la altura de los de años anteriores.
  • disfrutar de los paseos sin rumbo en nuestro magnífico y efímero Ferial, para cruzarnos con conocidos y conversar sin prisa.
    algunos, los más valientes, experimentaréis de nuevo con emociones extremas corriendo en la calle del muro o la plaza frente a las vaquillas o novillos.
  • dejarnos llevar por el ritmo y la música cada noche en la verbena, en el magnífico auditorio de la glorieta.
    a realizar la visita de rigor a la caldera durante la madrugada del 15 al 16 de agosto y conversar con los entregados cocineros que guardan con esmero y recelo la centenaria receta de la caridad de San Roque.
  • disfrutar del olor a albahaca fresca durante la mañana del 16 de agosto, y sentir la ferviente devoción de todo el pueblo acompañando a nuestro santo patrón en su vuelta a la ermita.
    y también, cómo no, a experimentar cierta melancolía al final de la verbena del 16 sabiendo que las fiestas han acabado.

Hablando de recuerdos comunes, compartidos, permitidme que haga una alusión muy especial a una persona querida por todos, a un amigo de la familia, que nos ha dejado recientemente. Y es que, si las imágenes alimentan nuestros recuerdos, quizás coincidamos en que el maratón del día 10 no será igual sin ver pasar a Pepe Linuesa corriendo con ritmo suelto y brío, cual joven adolescente. Este año seguro que Pepe habrá animado a todos los corredores y así lo hará durante los maratones venideros desde allí arriba. Un recuerdo sentido para él. De la misma manera, me gustaría igualmente tener un recuerdo especial para Francisco González Sesarino y Genito que también nos han dejado recientemente y que fueron personas activas en la vida cultural, social y religiosa de nuestro pueblo y asiduos escritores del programa de Fiestas durante tantos años.

Voy terminando porque no está el día para teneros esperando de pie, y a más de uno se nos empieza a antojar un vaso de cuerva. Quisiera cerrar este pregón agradeciendo de nuevo a todo el pueblo de Siles por su cariño, acogida, dedicación, entusiasmo y su amor por nuestras tradiciones, que hacen de estas fiestas algo único. Os animo a participar y disfrutar de estos intensos días que hoy comienzan y que llenan de vida nuestro pueblo… y aunque estos días pasen pronto y muchos debamos marcharnos de la misma forma en que vinimos, nuestras raíces se habrán revitalizado un año más y, a pesar de la distancia física que vuelva a separarnos y de todos los meses alejados de nuestra familia o amistades de todos los rincones del mapa, todos los sileños y sileñas nos sentiremos reconfortados al saber que el próximo 12 de agosto retomaremos la conversación por donde la dejamos el verano anterior. Esa es nuestra esperanza y refugio emocional, pues ese reconfortante sentimiento de familiaridad y de pertenencia a este lugar, a este rincón del paraíso terrenal, no habrá cambiado… y es que, parafraseando aquella clásica película “siempre nos quedará San Roque”.

Por todo ello, y por todos los reencuentros que aún nos quedan, gritad conmigo con fuerza:

“Viva San Roque”, “Viva Siles”, ¡que tengáis unas felices fiestas!

Siles, 12 de agosto de 2024